domingo, 21 de junio de 2026

Fondos europeos y territorio: un verano para estar atentos, por Paco Vega.

 



¡Cuidado! La época estival, sinónimo de descanso y fiestas, es también el momento perfecto para que nos metan un "gol por la escuadra". Y no hablo del Mundial, precisamente.

La Consejería de Transición Ecológica y Energía del Gobierno de Canarias, dirigida por Mariano Hernández Zapata, acaba de celebrar la IX Mesa de Energías Renovables. Según la nota oficial, fue un "encuentro de trabajo" para analizar el estado de los proyectos energéticos, la ejecución de los fondos europeos y las medidas para acelerar la implantación de renovables. Pero, ¿qué se está cocinando realmente ahí?

La experiencia de los últimos años invita a mantenerse en guardia ante la posible fragua de una "Declaración de Interés Público o Social". Este acto administrativo es la herramienta legal mediante la cual la administración reconoce que una obra aporta un beneficio prioritario para la colectividad. No es una etiqueta de "buenas intenciones"; tiene consecuencias legales y urbanísticas de gran calado:

  • 1.- Puerta abierta al suelo prohibido: Permite otorgar licencias en terrenos donde el plan urbanístico normalmente no contempla ese uso.

    2.- Vía libre a la expropiación: Es el paso previo obligatorio para que la administración pueda obligar a un propietario a vender sus terrenos para, por ejemplo, una línea de alta tensión o una planta de biogás. Sin esta declaración, las leyes de protección del territorio serían un obstáculo insalvable.

    3.- Blindaje y rapidez: Justifica el gasto de dinero público y, a menudo, acelera los plazos burocráticos apelando a la urgencia.

En resumen, es la herramienta perfecta para decir: "Esta obra es tan importante que está justificado saltarse las leyes de protección del suelo". Una maniobra con la que se sortearía, además, cualquier denegación de licencias previa a dicha declaración.

Ante esta hipótesis, surgen preguntas inevitables: ¿Por qué la tan nombrada descarbonización se ejecuta de espaldas a la protección del paisaje y de los ciudadanos? ¿Por qué el Gobierno de Canarias se echa en brazos de las eléctricas y promotores —agresores habituales del territorio— en lugar de proteger nuestra tierra? ¿Por qué este pacto de gobierno actúa más como un lobby empresarial que como una administración seria y defensora del interés general?

Los grandes poderes económicos no están por la labor de dejar escapar los actuales fondos Next Generation, el mayor paquete de estímulo de la Unión Europea, aunque sea a costa de destrozar Canarias. No es casualidad que estas decisiones dependan de la Consejería de Mariano Hernández Zapata, responsable de la tramitación de buena parte de estos proyectos. Nuestra experiencia indica que estos acuerdos suelen favorecer a las grandes empresas energéticas, mientras que los intereses territoriales quedan relegados a un segundo plano o, directamente, desaparecen.

Canarias necesita una transición energética, sí, pero no cualquier transición. La lucha contra el cambio climático no puede ser la coartada para degradar el territorio, sacrificar el paisaje o pisotear los derechos de las comunidades afectadas. Si hablamos de interés público, este debe medirse por el beneficio real de la sociedad canaria, no por la rentabilidad de unos pocos.

Conviene permanecer muy atentos porque, como dice el refrán: los veranos los carga el diablo.




domingo, 7 de junio de 2026

El extraño amancebamiento nacionalista, por Paco Vega.

 



El extraño amancebamiento nacionalista.

Por Paco Vega.

El panorama político preelectoral debería invitarnos a la polarización, a la creación de trincheras de ideologías incompatibles, especialmente cuando la comparativa es con la extrema derecha. Sin embargo, vemos un peligroso acercamiento de determinadas formaciones nacionalistas canarias a los mensajes y las formas de aquellos, así como la naturalidad con la que se asume el comportamiento contradictorio de determinados seguidores nacionalistas, entusiastas de unos y de otros. El blanqueamiento y naturalización de la “antidemocracia”, que ya asoma la cabeza, es algo que debería preocuparnos. Sin embargo, parece ser que todo lo que pueda auparles o mantenerles en el poder les es válido en esta perversión de los más elementales valores democráticos. Lo que estamos presenciando en las islas con la confluencia de viejos y nuevos nacionalismos, de derechas y de “supuesto progresismo”, no es solo una coincidencia; es un peligroso síntoma de una misma afección política.

A primera vista, cualquier observador podría pensar que un movimiento que se autodenomina “nacionalista canario” debería situarse en las antípodas de la extrema derecha antidemocrática. Pero la realidad digital y sociológica pulveriza en Canarias los más elementales manuales de ciencia política. Resulta, cuanto menos, desconcertante comprobar cómo una masa significativa de seguidores transita con total naturalidad de la defensa de las esencias canarias a los postulados más extremos del fascismo. Los mismos perfiles, las mismas voces que ayer se proclaman guardianes del progreso identitario, comparten hoy el ecosistema digital de la derecha más rancia. ¿Cómo se explica que el "nacionalismo" y la extrema derecha compartan seguidores?

La respuesta no está en los programas electorales, sino en las vísceras. Ambos movimientos se alimentan de la misma materia prima: la fidelidad fanática y la renuncia al matiz. No se busca el debate de ideas, sino la adhesión incondicional. Esta fe ciega explica por qué esta flagrante contradicción ideológica no les genera el más mínimo cortocircuito mental.

Esta devoción casi mística nos lleva a otra de sus grandes coincidencias: la querencia por la religiosidad y el tradicionalismo. Ya sea bajo el manto de un catolicismo militante y nostálgico, o mediante la sacralización de la identidad local elevada a dogma de fe, ambas formaciones apelan a un sustrato espiritual e identitario que busca refugio en el pasado frente a las incertidumbres del presente. La política se convierte así en una experiencia de fe, donde los líderes no proponen soluciones técnicas, sino que actúan como sumos sacerdotes de una causa sagrada, algo que vemos con total descaro en las extremas derechas internacionales.

Y es precisamente ahí, en la sacralización de la política, donde se camufla su mayor carencia: el contenido real. Si uno rasca la superficie de la retórica inflamada de estos partidos, lo que encuentra es un vacío alarmante. Ambos comparten la ausencia de propuestas concretas para los problemas de la ciudadanía: la vivienda, el empleo, la sanidad, el medio ambiente, etc. Su discurso se reduce a consignas vacías, consignas que caben en un tuit o en un vídeo de pocos segundos enfocado en buscar culpables externos. Son expertos en canalizar el malestar, pero incapaces de gestionarlo. A fin de cuentas, ya empiezan a amancebarse en algunos ayuntamientos como preámbulo de la gran orgía política que se avecina en Canarias; “si Dios no lo remedia”.

No importa que uno agite la bandera de las islas y el otro la del centralismo antidemocrático; ambos operan bajo la misma lógica del populismo identitario, la vacuidad programática y el fervor dogmático. La pregunta que nos queda por hacernos es ¿por qué los seguidores más fervorosos de estos nacionalismos se sienten igualmente cómodos con las derechas extremas y sus postulados?