Asusta comprobar la indiferencia con la que algunas personas sintonizan con determinados comportamientos fascistas, creyendo seguramente que no van a salir perjudicados del embate. Probablemente la misma indiferencia con la que se asumió los acontecimientos que desembocaron en el golpe fascista de 1936. Seguro que entonces, salvo sus instigadores, no pensaron que aquello llegase tan lejos ni que desembocara en una guerra de odios en la que poco importaban los muertos ni los abusos.
Dice la sabiduría popular que, “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, evidenciando así la incapacidad del ser humano para aprender de sus errores, a diferencia de otros animales, que suelen evitar el peligro una vez detectado. Cualquier “animal” hubiese tomado sus precauciones en el momento en que el dictador “pasó a mejor vida”, pero aconteció una falsa transición, y de aquellos polvos estos lodos...
Podría estarse gestando un nuevo golpe, no exactamente igual, pero golpe al fin y al cabo. Y que conste que no es alarmismo, pero la realidad es contundente. Se trataría de generar el caldo de cultivo perfecto para justificar las actuaciones anti democráticas posteriores. El problema está en la insaciable voracidad de los grandes poderes económicos que ya vienen financiando a la extrema derecha desde hace años, con la única finalidad de soliviantar a la población para condicionar los resultados electorales. Son precisamente estos poderes los que avivan el odio a través de los medios de comunicación y redes sociales, las cuales han inundado de cuentas falsas que atacan cada publicación en contra de los marcos preestablecidos. El ejército de bots propagadores del odio aumenta cada día de forma exponencial. La misma élite económica que financió el golpe del 36 vuelve ahora a alimentarlo. Mantener tantos calderos al fuego durante tanto tiempo sale muy caro, y nadie financia nada sin tener garantizado el retorno de intereses. A Dios rogando y con el mazo dando, que dice el refranero popular, porque ellos son muy de Dios (de boquilla), aunque siempre muestran el palo y el odio como su mejor arma. El patriotismo del que presumen es una gran falacia que aumenta convenientemente a golpe de billetera.
Nunca ha sido un debate entre izquierdas y derechas, es una simple cuestión de dinero y poder pero necesariamente impulsados por las arengas de miles de analfabetos políticos. Si para aumentar los ingresos de las grandes fortunas tienen que hacer saltar por los aires este ficticio tablero democrático lo harán sin dudar. Los fascismos mundiales están tirados al monte de la desvergüenza porque hay que alimentar a la voraz industria de la guerra y a las “empresas amigas” que especulan y reconstruyen los destrozos de la primera.
Durante los últimos años hemos visto que, por los excesos de unos y el abandono de otros, se han conformado movimientos que pretendían abrir ventanas, ventilar y aflojar grilletes, sin embargo determinados sectores y sus tentáculos mediáticos no están dispuestos a permitir otra legislatura de tímidas “bondades sociales”, por lo que han vuelto a afilar la palabra y las espadas del fascismo. Lo de mirar para otro lado nunca ha funcionado y ahora tampoco lo va a hacer.
En Canarias siempre han gobernado las derechas, la nacionalista y la de siempre, salvo un pequeño periodo; por lo que podemos afirmar que la Canarias actual es el resultado de esos gobiernos. La derecha nacionalista se ha convertido además en “la vaselina” para una entrada suave de la extrema derecha en las instituciones, por la puerta de atrás claro. Entre pactos y trapisondas especuladoras vemos que Canarias no avanza, volcados como están en hacer aún más ricos a los de siempre, ignorando las necesidades del pueblo y la saturación del territorio. Los canarios vivimos en un analfabetismo político desmoralizante, mientras que “los políticos medianeros” siguen allanando el camino a los grandes poderes económicos y a los caciques locales; siempre a costa del destrozo del del territorio y el despilfarro del dinero público. Debemos dejar de mirar a España y ocuparnos de Canarias. Resolver nuestros problemas es única y exclusivamente responsabilidad de los canarios. Ahora toca buscar cómo...
A Canarias ya sólo le falta que el cáncer del fascismo termine de enterrarla en la miseria.
Al fascismo hay que extirparlo antes de que se convierta en metástasis.

