sábado, 26 de septiembre de 2026

Alfredo y su circo de tres pistas, por Paco Vega


El Alcalde de Santa María de Guía lleva tiempo mostrando la debilidad de sus costuras y, sobre todo, su incapacidad de gestión.

​A Pedro Rodríguez, a quien he criticado durante años, se lo dije a la cara hace más de un año: «este te va a hacer bueno», refiriéndome al actual Alcalde de Guía.

​A Pipe (Felipe Pérez Reyes), expulsado del grupo de gobierno tras la moción de censura, le dije: «creo que te han hecho un favor», viendo la deriva y parálisis del actual Grupo de Gobierno.

​Ambos concejales fueron el apoyo clave para lograr el Pleno Extraordinario impulsado por la Plataforma Stop Plantas de Biogás, donde se consiguió la rotunda unanimidad municipal en contra de la planta.

​¿Y qué ha pasado desde entonces? Silencio absoluto.

​A pesar de la negativa del municipio, el Gobierno de Canarias sigue otorgando autorizaciones paso a paso, dando la espalda a la gente y favoreciendo al promotor. Por eso, es hora de hablar claro. Sin rodeos, sin medias tintas ni silencios.

​Ahora que recorren los barrios pidiendo la opinión de los vecinos, es la hora de alzar la voz en contra de la mayor amenaza para el futuro del pueblo. Los representantes públicos no pueden ser cómplices con su silencio mientras se pone en riesgo nuestra tierra, nuestra salud y nuestra calidad de vida.

​¡Es momento de dar la cara y posicionarse, como ya lo hacen otros!

Es el momento de gritar alto y claro ¡NO A LA PLANTA DE BIOGÁS! 

domingo, 20 de septiembre de 2026

No a la agresión del grupo Félix Santiago Melián , por Paco Vega


No a la agresión del grupo Félix Santiago Melián

​Por Paco Vega


​La intención del grupo Félix Santiago Melián de instalar una planta de biogás en la comarca noroeste de Gran Canaria, a escasos 500 metros de la población, ha dejado claro un concepto fundamental: solo el pueblo salva al pueblo.

​Ante los intentos de enredar este asunto, conviene refrescar la memoria para que la opinión pública conozca con exactitud quién ha hecho qué en cada momento.

​La primera solicitud del proyecto, tramitada a través de Conagrican S.L. (del grupo F.S.M.), la recibió el anterior grupo de gobierno liderado por Pedro Rodríguez, en el que también participaba el actual alcalde, Alfredo Gonçalves. La respuesta institucional ante la solicitud fue positiva. Nadie pareció advertir en aquel momento el impacto ni la peligrosidad de ubicar una instalación industrial de estas características junto a las viviendas.

​La primera acción del actual equipo de gobierno consistió en fotografiarse junto a los representantes del grupo empresarial durante la presentación del proyecto, nada menos que en el salón de plenos del Ayuntamiento de Guía, acompañada de un comunicado oficial elogioso para el proyecto. Tampoco eran conscientes entonces del alcance y el daño del proyecto sobre la población. Tampoco los técnicos, parece ser, supervisaron convenientemente el proyecto.

​A partir de ahí, los vecinos, tras documentarse y reunirse alarmados por la gravedad del proyecto, iniciaron un peregrinaje por las distintas administraciones. La respuesta mayoritaria fue el silencio. En la primera reunión con el alcalde de Santa María de Guía, este llegó a manifestar que "él era un árbitro" y que "no podía hacer nada". La cita con el alcalde de Gáldar resultó igualmente frustrante: "Yo no puedo meterme en las cosas de Guía, tengo muchos calderos al fuego", argumentó.

​Ante el desamparo institucional y una oposición municipal que ni estaba ni se la esperaba, fuimos los propios vecinos quienes tuvimos que presionar para la convocatoria de un pleno extraordinario. Tras concentraciones de protesta frente al Ayuntamiento y el frontis de la iglesia, el pleno de Guía rechazó por unanimidad la instalación de la planta de biogás. Sin embargo, tras esa votación, ningún responsable político ha vuelto a mover un solo dedo en defensa de la población.

​Desde entonces, la Plataforma Stop Planta de Biogás en La Atalaya ha asumido en solitario un trabajo titánico: revisión de expedientes, peticiones de documentación al Ayuntamiento, al Cabildo de Gran Canaria y a diversas consejerías del Gobierno de Canarias, casi siempre con el silencio como respuesta, además de coordinar asesoramiento técnico y legal.

​Mientras tanto, el promotor continúa trabajando para materializar su objetivo, impulsado por millonarias subvenciones europeas que alimentan este perjuicio colectivo, respaldado ahora de forma incomprensible por la Consejería de transición ecológica del Gobierno Canario, en manos del Partido Popular.

​Los vecinos ya han demostrado que son capaces de frenar este abuso, dejando al descubierto quiénes son serios y responsables, y quiénes intoxican y confunden. 

La Atalaya y la comarca noroeste no pueden convertirse en el vertedero de Gran Canaria. 

En vísperas electorales, la clase política deberá posicionarse con claridad (TODOS): defender la salud y la seguridad de los vecinos del Norte o alinearse con los intereses económicos del poderoso grupo empresarial.


sábado, 12 de septiembre de 2026

El ACCIDENTE de CONSERVAS OJEDA versus PLANTA DE BIOGÁS en LA ATALAYA, por Paco Vega.

 


El ACCIDENTE de CONSERVAS OJEDA versus PLANTA DE BIOGÁS en LA ATALAYA

Por Paco Vega.


El 4 de enero de 1979, en Las Palmas de Gran Canaria, tuvo lugar uno de los accidentes laborales más trágicos de la historia reciente de Canarias. En la fábrica de Hijos de Ángel Ojeda, en El Rincón, once trabajadores perdieron la vida en una fosa séptica cuando intentaban auxiliarse unos a otros.

La tragedia se produjo por la acumulación de gases peligrosos en un espacio confinado. Uno de los trabajadores descendió a la fosa y quedó intoxicado. Al comprobar lo sucedido, varios compañeros intentaron rescatarlo, sin disponer del equipo de protección adecuado y sin conocer la concentración de gases existente en aquel lugar. Uno tras otro, los intentos de auxilio acabaron convirtiéndose en una tragedia colectiva.

Un total de 11 trabajadores perdieron la vida de forma prácticamente instantánea debido a la anoxia y la inhalación de gases tóxicos. El heroísmo y la solidaridad de los trabajadores convirtieron la emergencia inicial en una tragedia múltiple, ya que cada intento de auxilio sumó una nueva víctima.

Entre los gases que pueden generarse durante la descomposición anaeróbica de materia orgánica se encuentran el sulfuro de hidrógeno (H2​S), el metano (CH4​), el dióxido de carbono (CO2​) y el amoniaco (NH3​), además de otros compuestos. En determinadas concentraciones, algunos de estos gases pueden resultar extremadamente tóxicos, desplazar el oxígeno o generar atmósferas inflamables, especialmente en espacios confinados.

Dos de los trabajadores fallecidos eran naturales de La Atalaya de Guía, de 18 y 21 años respectivamente.

Casi medio siglo después, aquella tragedia continúa formando parte de la memoria colectiva de nuestra sociedad. Y precisamente por ello resulta inevitable preguntarse qué hemos aprendido de aquel accidente, de la prevención de riesgos laborales y de la protección a la vida humana cuando se plantea la instalación de determinadas actividades industriales en las proximidades de núcleos de población habitados.

Una preocupación que vuelve a La Atalaya

La cuestión adquiere especial relevancia ante el proyecto de instalación de una planta de biogás en La Atalaya, promovido por el grupo empresarial Félix Santiago Melián (FSM), en una zona situada en la frontera municipal de Guía y Gáldar, muy próximo a la población (500 metros).

Una planta de biogás utiliza —de forma artificial— en sus procesos de digestión anaerobia y producción de biogás muchos de los elementos que intervinieron en aquel desgraciado accidente de 1979. Estos procesos contienen principalmente metano y dióxido de carbono y pueden contener, dependiendo de las materias primas y del proceso, otros compuestos como el sulfuro de hidrógeno. El metano, además, es inflamable y puede generar riesgos de incendio o explosión.

Esto no significa, naturalmente, que una planta de biogás sea equivalente a una fosa séptica sin medidas de seguridad ni que vaya necesariamente a reproducirse un accidente como el de 1979, pero la coincidencia de gases implicados en el proceso hace inevitable retrotraernos a aquel fatídico suceso.

Los cuatro elementos citados (H2​S, CH4​, CO2​ y NH3​) forman parte del proceso de funcionamiento e interacción de las plantas de biogás como la que quieren instalar en La Atalaya que, a pesar de la denegación de la licencia por parte del Ayuntamiento de Santa María de Guía —por la fuerte oposición vecinal y por las numerosas irregularidades observadas—, la Consejería de Transición Ecológica del Gobierno Canario sigue haciendo guiños incomprensibles y dando certificaciones al proyecto de instalación de la citada planta, poniendo en juego la vida, la salud y la calidad de vida de los vecinos del Norte de Gran Canaria.

¿Es razonable la ubicación?

Según las alegaciones y preocupaciones expresadas por los vecinos, no debe instalarse una planta tan próxima al núcleo poblacional, además de los numerosos “espacios y equipamientos sensibles” que forman parte de la vida cotidiana de la población.

También se ha señalado la proximidad de la instalación al antiguo vertedero (100 metros), que permanece sellado, así como las características del intenso viento de la zona y la posible afección derivada de los olores y del transporte de las materias primas necesarias para alimentar la planta. Circunstancias que quedaron fuera de la certificación de impacto ambiental, simplificada en lugar de ordinaria para una instalación industrial de estas características. Son cuestiones que, a mi juicio, no pueden despacharse afirmando que la instalación cumplirá la normativa. Cuando una actividad industrial se pretende ubicar cerca de una población, la pregunta no debe ser únicamente si puede autorizarse legalmente, sino también si es la ubicación más adecuada desde el punto de vista de la seguridad, la salud pública, el medio ambiente y la calidad de vida de los vecinos. Y, sobre todo, si existen alternativas de ubicación que permitan desarrollar la actividad con menores riesgos y molestias para la población.

La responsabilidad de las administraciones

El Ayuntamiento de Santa María de Guía ha denegado la licencia municipal del proyecto, en un contexto marcado por una fuerte oposición vecinal y por las cuestiones e irregularidades que, según se ha denunciado, rodean al expediente. Sin embargo, la tramitación administrativa continúa generando preocupación entre los vecinos, que observan con inquietud determinadas actuaciones y pronunciamientos de la Consejería de Transición Ecológica del Gobierno de Canarias.

La Administración tiene la obligación de actuar con independencia, rigor y transparencia. No basta con decir que una instalación es legal o que cumple determinados parámetros técnicos. La población tiene derecho a ser escuchada.

La citada empresa FSM pretende acercar a La Atalaya de Guía —en la frontera municipal de Guía y Gáldar— una industria que trabaja con los mismos elementos tóxicos y peligrosos que causaron la muerte a once trabajadores en el año 1979 en la factoría de “Los Ojeda”, con al menos cuatro elementos químicos que son peligrosos en altas concentraciones, pero que incluso a bajas proporciones causan serios problemas para la salud de las personas.

No han tenido en cuenta, a pesar de conocer los riesgos, la proximidad al cercano núcleo de La Atalaya; la ventosidad de la zona, lo que agravaría las consecuencias de cualquier escape de gases y los malos olores; ni la proximidad -100 metros- al antiguo vertedero de la localidad (sellado desde hace 14 años, pero sin control ni supervisión alguna), lo que multiplicaría el riesgo en caso de cualquier fuga o explosión.

No queremos experimentos

Cuarenta y siete años después del accidente de Conservas Ojeda, dos de cuyas víctimas eran jóvenes de La Atalaya, resulta especialmente doloroso contemplar nuevamente un proyecto industrial que suscita preocupación entre los vecinos de la zona. No se trata de afirmar que una planta de biogás vaya necesariamente a provocar una tragedia como la de 1979. Sería irresponsable establecer una equivalencia automática entre ambas situaciones. Se trata de algo mucho más sencillo: no queremos que la seguridad de una población dependa de que nunca ocurra un accidente.

Una llamada a la responsabilidad

La empresa promotora debería escuchar las reivindicaciones de los vecinos y reconsiderar la ubicación del proyecto, existiendo alternativas razonables que reduzcan los riesgos y molestias para la población.

No se trata de estar en contra del desarrollo económico ni de la producción de energías. Se trata de defender un principio elemental: el desarrollo industrial debe ser compatible con la seguridad y la calidad de vida de las personas que viven junto a las instalaciones.

Por eso también reclamamos al Gobierno de Canarias y a los ayuntamientos afectados —Guía y Gáldar— que escuchen a la ciudadanía y actúen con la máxima transparencia e independencia.

La Atalaya no quiere convertirse en un campo de pruebas. Y mucho menos quiere que, cuarenta y siete años después de una tragedia que costó la vida a once trabajadores, tengamos que preguntarnos si aprendimos algo de todo aquello. 

La seguridad de los vecinos no puede ser una cuestión secundaria frente a ningún interés económico.



martes, 8 de septiembre de 2026

Canarias en venta: pactos, sillones y abandono, por Paco Vega

 


Canarias en venta: pactos, sillones y abandono

Por Paco Vega

Las derechas canarias han vuelto a tomar las riendas del Gobierno de Canarias a pesar de haber perdido las elecciones por casi 47.000 votos. Una paradoja que vuelve a poner de manifiesto que, para algunos, la voluntad expresada en las urnas parece tener una importancia relativa cuando llega la hora de repartir poder y cargos. Y, sobre todo, cuando lo que está en juego es mantener un modelo que sigue beneficiando a quienes más tienen, mientras una parte cada vez mayor de la población canaria tiene dificultades para acceder a una vivienda, disfrutar de unos servicios públicos de calidad o, sencillamente, desarrollar su proyecto de vida en las islas.

Al mismo tiempo, las puertas de numerosos gobiernos municipales se han abierto a la extrema derecha. Una normalización que puede terminar sirviendo de antesala a futuros acuerdos autonómicos si las cuentas electorales lo permiten. Mientras tanto, los problemas que afectan directamente a la ciudadanía siguen esperando: la protección del territorio y del medio ambiente, la saturación de las islas, el crecimiento poblacional, la calidad de las aguas, la vivienda, los servicios públicos y un modelo turístico que muestra cada vez más síntomas de agotamiento.

Quienes han gobernado Canarias durante décadas no pueden desentenderse de las consecuencias de sus propias políticas. La situación actual no es fruto de la casualidad. Es el resultado de decisiones acumuladas durante años y de un modelo de desarrollo que, con demasiada frecuencia, ha colocado los intereses económicos por delante del bienestar de quienes vivimos aquí.

Pero el esperpento político no termina en la derecha. La llamada progresía nacionalista también atraviesa una profunda crisis, marcada por la aparición de una nueva formación surgida de una ruptura interna. Sus dirigentes reniegan de las siglas con las que concurrieron a las elecciones, pero mantienen los cargos y responsabilidades que obtuvieron gracias a ellas y a los votos de quienes las respaldaron.

La pregunta es inevitable: ¿cómo puede justificarse que unos candidatos concurran a unas elecciones bajo unas determinadas siglas, obtengan representación, gobiernos y cargos gracias a esos votos y, a mitad de legislatura, decidan cambiar de formación sin renunciar a las responsabilidades que adquirieron? Una cosa es cambiar de proyecto político de cara a unas nuevas elecciones; otra muy distinta es hacerlo durante el mandato y conservar intactos los cargos obtenidos bajo las siglas anteriores.

El esperpento aumenta cuando estos mismos dirigentes, que continúan presentándose como progresistas, anuncian acuerdos con la derecha nacionalista: la misma que gobierna Canarias junto a la derecha estatal y que ha alcanzado pactos de gobierno con la extrema derecha en varios municipios de las islas.

Resulta difícil entender semejante pirueta política si no se tienen en cuenta las expectativas personales de quienes la protagonizan. Mientras a sus nuevos compañeros y a la ciudadanía se les habla de la necesidad de unir el voto nacionalista, algunos movimientos parecen apuntar hacia un objetivo mucho más concreto: dar el salto a Madrid y alcanzar un escaño en el Congreso de los Diputados.

Si ese fuera el verdadero objetivo, el riesgo es evidente: que los intereses de Canarias vuelvan a convertirse en moneda de cambio de estrategias personales. Gran Canaria, y Canarias en su conjunto, no pueden quedar subordinadas a las aspiraciones electorales de ningún dirigente.

Mientras unos hacen cuentas para decidir dónde colocarse, Canarias sigue esperando soluciones. La vivienda continúa siendo uno de los grandes problemas de la ciudadanía; el territorio soporta una presión creciente; los servicios públicos necesitan respuestas y el modelo turístico exige un debate serio sobre sus límites y consecuencias.

Esa es quizá la verdadera paradoja. Se prometieron soluciones, progreso y defensa de los intereses de Canarias, pero demasiadas decisiones parecen responder antes a las necesidades de los partidos y de sus dirigentes que a las de la sociedad.

En este escenario, las grandes empresas con capacidad para condicionar el territorio y el modelo económico de las islas siguen teniendo una enorme influencia. Las decisiones adoptadas en los últimos años hablan por sí solas: decisiones que, demasiado a menudo, parecen hacerse en perjuicio de Canarias y de los canarios.

Canarias necesita dirigentes serios, responsables y comprometidos con el interés general. Personas para las que «Canarias sea lo primero» no sea un simple lema electoral, sino un principio de actuación.

Porque Canarias no puede seguir siendo la moneda de cambio de pactos, sillones e intereses particulares. No puede ser el territorio que unos negocian, otros abandonan y algunos utilizan como trampolín para sus ambiciones políticas.

Canarias merece algo tan sencillo como que quienes gobiernan sus islas gobiernen para sus ciudadanos. Que defiendan su territorio, su vivienda, sus servicios públicos y su futuro. Que los intereses de Canarias estén por encima de los intereses de partido y, sobre todo, por encima de las ambiciones personales.

Canarias no está en venta. Canarias no es un sillón, ni un pacto, ni un trampolín hacia Madrid. Canarias es nuestra tierra, nuestro presente y nuestro futuro. Y ya es hora de que quienes tienen la responsabilidad de gobernarla estén a la altura. 



sábado, 5 de septiembre de 2026

¿De qué sirve hablar de sostenibilidad si se ignora a quienes viven al lado? por Paco Vega


¿De qué sirve hablar de sostenibilidad si se ignora a quienes viven al lado?


Hay algo que, como ciudadanos, cuesta entender.

Una gran empresa puede presentarse como abanderada de la sostenibilidad, participar en proyectos financiados con fondos europeos para el ahorro de agua y la modernización del sector agrícola y proyectar una imagen de compromiso medioambiental.

Pero, al mismo tiempo, mantener su apuesta por una planta de biogás a escasos metros de zonas residenciales, pese a la preocupación y el rechazo de los vecinos de La Atalaya y alrededores.

Olores, tráfico pesado, posibles molestias, preocupación por la calidad de vida y por el valor de las viviendas… ¿De verdad todo esto puede quedar relegado a un segundo plano en nombre de la transición ecológica?

La sostenibilidad no puede ser solamente producir energía renovable. También significa respetar a las personas y al territorio donde se implantan los proyectos.

Y las instituciones tampoco pueden mirar hacia otro lado.

Los ayuntamientos son la administración más cercana a la ciudadanía. No basta con decir que un expediente es competencia de otra administración o refugiarse en la “neutralidad técnica”. Cuando existe una preocupación social tan evidente, los representantes públicos deberían escuchar, posicionarse y defender el interés general.

El conflicto de la planta de biogás promovida por Conagrican (Grupo Félix Santiago Melián), en el límite entre Santa María de Guía y Gáldar, pone sobre la mesa una cuestión muy sencilla:

¿Por qué no buscar una ubicación industrial o suficientemente alejada de los núcleos habitados?

La Plataforma Stop Biogás / La Atalaya está diciendo:

“Sí a la transición ecológica, pero no a cualquier precio y no en cualquier lugar.”

Porque una instalación puede ser sostenible desde el punto de vista energético y, sin embargo, convertirse en un problema social si se ubica junto a viviendas.

La ciudadanía tiene derecho a ser escuchada.

Y cuando las instituciones y las empresas no escuchan, la organización vecinal, la movilización y la presión social se convierten en la herramienta legítima para defender el territorio y la calidad de vida.