domingo, 15 de diciembre de 2013

Cada 9 de noviembre…, por Enrique Bethencourt

Quiso la casualidad que la fecha elegida para la consulta catalana coincida con la canción de Cecilia, Un ramito de violetas, en el que un marido bien raro quiere ser a la vez secreto amante y muestra sus sentimientos a través de clandestinos poemas y de las flores que, “como siempre sin tarjeta”, remitía cada 9 de noviembre. Y también que, casualmente, ese sea el día de la festividad de Nuestra Señora de la Almudena, patrona de Madrid. Y, como me ha recordado algún lector, el aniversario de la caída del Muro de Berlín.

Ya tenemos despejadas algunas de las dudas. La Generalitat realizará, previsiblemente, la consulta en el otoño del próximo año. Con el apoyo de CiU, ERC, ICV, IUiA y CUP, se planteará a los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña una primera pregunta “¿Quiere que Cataluña se convierta en un Estado? Sí o no”. A continuación, y en caso de respuesta afirmativa, habrá una segunda cuestión: “¿Quiere que este Estado sea independiente? Sí o no”.
Me resulta muy interesante la fórmula finalmente consensuada. Huye del frentismo independencia sí o no. Hay muchos catalanes que no comparten el actual status de relación entre su país y España, pero que tampoco quieren la independencia, defendiendo fórmulas federales.
Tres opciones
Y con este modelo de referéndum cabe rechazar cualquier cambio, votando no a la primera de las cuestiones; apoyar claramente un proyecto independentista, haciéndolo de forma afirmativa en las dos preguntas; y una tercera vía: posicionarse por un estado catalán en el marco de un estado plurinacional, votando sí  a la primera cuestión y no a la segunda.
El presidente Rajoy ya ha anunciado que no permitirá la consulta. Y Rubalcaba, por su parte, también rechaza la consulta y confía en frenarla legalmente. UPyD en la misma línea; Rosa Díez ha dicho que “la propia Constitución da instrumentos para que no se vulneren las leyes y para proteger el Estado de Derecho”, en alusión al artículo 155 de la Carta Magna. 
Una minoría de ultraderecha apuesta por la intervención militar para solventar el problema. Otros, más civilizados, ponen sobre la mesa una posible suspensión de la autonomía catalana, es decir, aportar gasolina para apagar el incendio. Las dos formulaciones sólo contribuyen a ahondar en la brecha, como lo hicieron las campañas de boicot al consumo de productos catalanes.
Además, creo que se cometió un grave error cuando el Tribunal Constitucional descafeinó el reformado Estatut, aprobado por el 88% del Parlamento catalán, ratificado por las Cortes y votado afirmativamente en referéndum por los hombres y mujeres de Cataluña. Se trata de un error muy grave que desprecia la soberanía popular y que no puede volver a repetirse.
La España mesetaria debería aprender y rectificar. Y reflexionar en profundidad sobre lo que ocurre. Las encuestas muestran que dos tercios de los catalanes son favorables al derecho a decidir sobre su destino como pueblo. Y que entre un 45% y un 55%, según distintos sondeos, desearía la constitución de un estado independiente. Unos datos que irán en aumento, por el entusiasmo que genera, especialmente, entre la gente más joven.
Amo a Cataluña y me encantaría que siguiera formando parte de un proyecto común de un estado federal y social, nada parecido al que estamos padeciendo. Creo que su posible marcha afecta a Cataluña y especialmente, por su pujanza económica y cultural, hace más débil a EspañaPero soy completamente respetuoso con lo que sus ciudadanos y ciudadanas decidan. Las reacciones de los principales partidos y del Gobierno español creo que lejos de ayudar al entendimiento parecen dirigidas a imposibilitar un punto de encuentro. Nos queda menos de un año para el 9 de noviembre. Aquí parece que no nos mandamos ni tarjetas ni flores.
————–Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth
Lluis Llach: ‘Viaje a Itaca’

No hay comentarios:

Publicar un comentario