miércoles, 22 de julio de 2026

Canarias y el nacionalismo de cartón-piedra, por Paco Vega.



Canarias y el nacionalismo de cartón-piedra.

Por Paco Vega.


​Resulta contradictorio que Junts —antaño Convergència i Unió— (a quien la derecha española está beneficiando, al victimizarla en exceso) pretenda liderar una «independencia» de Cataluña mientras vota sistemáticamente en los parlamentos junto a las derechas, y por tanto, en contra de la mayoría social. Una aventura de esta envergadura jamás podría consolidarse sin el respaldo de una amplia base popular. En mi opinión, es un error estratégico que han cometido tanto Junts en Cataluña como el PNV en el País Vasco: formaciones marcadamente de derecha, cuyas políticas benefician única y exclusivamente a una minoría adinerada. ¿De verdad creen que van a convencer a la ciudadanía defendiendo los privilegios de las grandes empresas?

​Hablamos de Cataluña, una comunidad con una autonomía de primer nivel —perteneciente a las llamadas «nacionalidades históricas»—, con marcado carácter identitario.

​Si trasladamos este ejemplo a Canarias, vemos la otra cara de la moneda: una región que apenas ha reivindicado su especificidad, a pesar de que la lejanía, la condición archipiélagica y su más que evidente condición colonial le dan razones de peso para exigir el máximo grado de autogobierno. Sin embargo, nuestros representantes políticos de entonces —timoratos o fieles cipayos de los partidos nacionales, cuando no ocupados en los negocios de unos pocos— y los de ahora, nos vienen dejando a la cola de todo.

​Si alguien tiene motivos sobrados para estar, al menos, en ese primer nivel autonómico, es Canarias, para quien el autogobierno —en todos los sentidos— se ha convertido en una necesidad.

​Ante este escenario, cabe preguntarse: ¿por dónde habría que empezar para conseguir un autogobierno real, habida cuenta del inmenso abismo que nos separa de los llamados territorios históricos? ¿Acaso beneficiando a esa minoría adinerada, como se ha venido haciendo en las islas durante los últimos 40 años, o empoderando a una mayoría social desencantada y habitualmente abstencionista?


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