¿De qué sirve hablar de sostenibilidad si se ignora a quienes viven al lado?
Hay algo que, como ciudadanos, cuesta entender.
Una gran empresa puede presentarse como abanderada de la sostenibilidad, participar en proyectos financiados con fondos europeos para el ahorro de agua y la modernización del sector agrícola y proyectar una imagen de compromiso medioambiental.
Pero, al mismo tiempo, mantener su apuesta por una planta de biogás a escasos metros de zonas residenciales, pese a la preocupación y el rechazo de los vecinos de La Atalaya y alrededores.
Olores, tráfico pesado, posibles molestias, preocupación por la calidad de vida y por el valor de las viviendas… ¿De verdad todo esto puede quedar relegado a un segundo plano en nombre de la transición ecológica?
La sostenibilidad no puede ser solamente producir energía renovable. También significa respetar a las personas y al territorio donde se implantan los proyectos.
Y las instituciones tampoco pueden mirar hacia otro lado.
Los ayuntamientos son la administración más cercana a la ciudadanía. No basta con decir que un expediente es competencia de otra administración o refugiarse en la “neutralidad técnica”. Cuando existe una preocupación social tan evidente, los representantes públicos deberían escuchar, posicionarse y defender el interés general.
El conflicto de la planta de biogás promovida por Conagrican (Grupo Félix Santiago Melián), en el límite entre Santa María de Guía y Gáldar, pone sobre la mesa una cuestión muy sencilla:
¿Por qué no buscar una ubicación industrial o suficientemente alejada de los núcleos habitados?
La Plataforma Stop Biogás / La Atalaya está diciendo:
“Sí a la transición ecológica, pero no a cualquier precio y no en cualquier lugar.”
Porque una instalación puede ser sostenible desde el punto de vista energético y, sin embargo, convertirse en un problema social si se ubica junto a viviendas.
La ciudadanía tiene derecho a ser escuchada.
Y cuando las instituciones y las empresas no escuchan, la organización vecinal, la movilización y la presión social se convierten en la herramienta legítima para defender el territorio y la calidad de vida.
