martes, 30 de abril de 2013

“Ach Guañac” o la canción que se hace pueblo

Casi tan difícil como componer una buena canción es lograr que esta trascienda tu tiempo, y que a pesar del transcurrir de los años la creación siga sonando con la misma intensidad con la que fue concebida. Para que esto suceda, además de las necesarias cualidades estéticas y musicales que la obra ha tener, es importante que las generaciones venideras, especialmente las que no vivieron tan siquiera los días mismos de su alumbramiento, la hagan suya, la sientan como de su propia generación, y si es posible la acerquen a sus contemporáneos.
De suceder así las cosas, podríamos estar hablando entonces de esas pocas canciones que en un género, un movimiento cultural, o un área geográfica pasan a considerarse himnos, por cuanto tienen de valor simbólico para todos aquellos que lo escuchan, lo tararean o lo reinterpretan. Los himnos tienen, además, la cualidad no sólo de lograr un hito en cuanto a lo musical, un avance en lo relativo a la Historia de la música, o un giro cultural o político de tal magnitud que nada de lo posterior tiene sentido sin esa obra. Los himnos, además de todo esto, son portadores de toda una forma de pensar, condensan en sus estrofas y estribillos un sentimiento, una identidad, una personalidad que coincide y sintoniza con la del oyente.
En definitiva, los himnos son una demostración irrefutable de filosofía popular, son una ontología en forma artística en tanto que hacen explotar las mentes de quienes reciben el mensaje y esparcir su condensada carga poética en miles de expresiones que se encarnan en posturas ideológicas, actitudes vitales, muestras afectivas, estados de ánimo, etc.
Decía el escritor Antonio Machado que España, nación sin tradición filosófica, encontraba en el arte, en la poesía o en la pintura, el mejor vehículo para canalizar las metáforas y visiones que describieran la sociedad española. La música en Canarias, como manifestación creativa y cultural es, ante todo, una toma de conciencia y de posición en y hacia el mundo. Es, además del encuentro de la palabra con el sonido y el ritmo, una forma de expresión filosófica a través de la cual el pueblo canario ha logrado expresar tantas veces aquello que los intelectuales no le daban, o que ni siquiera llegaban a intuir dados sus prejuicios políticos, académicos e ideológicos.
Y este es el caso de la canción “Ach guañac”, del grupo palmero Taburiente. Una canción que representa todo lo anteriormente expuesto, y que recoge para Canarias todo el pathos que durante siglos había permanecido inhibido en el subconsciente colectivo del isleño. “Ach guañac” es un himno popular, tan estéticamente bello como los “Cantos canarios” de Teobaldo Power y tan de pueblo como cualquier tonada folklórica, pero quizás con la carga ideológica que a ésta última le faltaba.
“Ach guañac” es arte, sin dudarlo, y arte de vanguardia. Cuando en América Latina languidecía la Nueva Trova y en Europa la gente disfrutaba con lachanson francesa, en Canarias Taburiente se adelantaba 15 años a lo que después se conocería como World Music, concepto despreciable por cuanto tiene de etnocéntrico y de etiqueta comercial más que artística.
Con una apuesta por la canción de autor, el folklore, influencias lejanas del rock progresivo y pinceladas de electrónica -sintetizadores-, el grupo liderado por Luis Morera revolucionó el panorama musical canario. Muestra de ello es la canción “Ach guañac”, el himno apócrifo que más y mejor representa a Canarias si nos atenemos a su repercusión posterior.
Su influencia ha sido tal que el abordaje que se ha hecho a esta canción en forma de versiones ha llegado desde los más diversos géneros musicales, certificando en forma de pequeños homenajes que “Ach guañac” es ya hoy en día un himno popular, y que su mensaje ha logrado atravesar los años y presentarse a día de hoy como un texto que refleja el sentir del isleño del pasado, del presente y, parece ser, del futuro también.

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