martes, 9 de abril de 2013

La Ley Electoral canaria es de las menos democráticas de Europa



Las barreras, del 30% en la circunscripción son las mayores de España

Resulta muy desequilibrado que el 17% de la población elija al 50% de la Cámara

En 2007 el 16,3% de los votantes (150.000 personas) se quedaron sin representación

La ley electoral está blindada: exige un acuerdo de dos tercios de la Cámara

ENRIQUE BETHENCOURT                       




Actualmente para poder acceder al Parlamento canario, un partido tiene que ser la fuerza más votada en un territorio o superar el 30% del voto insular (que es la circunscripción en las elecciones autonómicas) o el 6% archipielágico. No siempre fue así. En las primeras elecciones y hasta 1996, en que se reforma el Estatuto de Autonomía, eran menos restrictivas: 20% insular y 3% canario, aún así a gran distancia de lo que se exige en el resto de nacionalidades y regiones, que oscila entre el 3% y el 5% en la circunscripción; y en donde no existen dobles barreras. 

Así, en los comicios de 1999, el PIL (ver gráfico) logró el 28% de los votos en Lanzarote (segunda fuerza, solo superada por unas décimas por CC en la isla de César Manrique) y se quedó sin ninguno de los ochos escaños que están asignados a este territorio por el Estatuto; en buena lid le correspondían dos actas, tanto con un sistema del 5% de barrera, como aplicando el anterior canario del 20% insular.
En 2007 sucedió algo similar. El PIL consiguió el 22,3% de los votos de Lanzarote y quedó fuera del Parlamento. También le sucedió a Nueva Canarias, que obtuvo el 5,42% en el conjunto del Archipiélago y el 11,83% de votos en Gran Canaria, duplicando ampliamente a CC en esta circunscripción, quedando fuera de la cámara, mientras que CC obtenía uno en la isla redonda (Ver gráfico).
En esa ocasión, un 36% de los hombres y mujeres que acudió a las urnas en Lanzarote en mayo de 2007 no vio traducida su decisión en representación en el Parlamento de Canarias. Es una cifra completamente escandalosa y que avergüenza a cualquier demócrata. Duplica ampliamente el porcentaje global de Canarias, donde más del 16,3% de las papeletas (es decir, los sufragios emitidos por más de 150.000 personas, de un censo que supera los 920.000) fueron directamente de la urna a la papelera, lo que tampoco es un síntoma de buena salud democrática.

Un 36 por ciento de los electores de Lanzarote que acudieron a las urnas en 2007 no vio traducido su voto en representación parlamentaria

En las últimas autonómicas, las celebradas en mayo de 2011, se corrigió a la baja este auténtico disparate. La unión de distintos grupos en torno a Nueva Canarias, justamente para superar las barreras electorales, posibilitó a este partido obtener dos escaños y al PIL uno. Y bajó de manera notable el número de papeletas sin representación hasta prácticamente la mitad que en las elecciones de 2007, quedándose en el 8,01%.

Abismo

Si lo comparamos con lo que ocurre en otras comunidades autónomas podemos observar el auténtico abismo que existe. En Cataluña, por ejemplo, en los comicios de 2012 semejante circunstancia no llegó al 5,8%. Y en Euskadi  el 4,77%, por la ruptura de la IU vasca en Esker Anitza y Esker Batua, que dejó a ambas partes sin representación, si no el porcentaje se hubiese reducido considerablemente.
En el caso de la comunidad presidida por Artur Mas, su barrera electoral de acceso al Parlamento está establecida en el 3%, al igual que en la que dirige Urkullu, mientras que en otras comunidades, como la valenciana, se eleva hasta el 5%.
Por ejemplificar, UPyD sacó un diputado en Euskadi en 2012 gracias a que superó la barrera del 3% en Álava, donde obtuvo 5.453 sufragios (3,52%). De aplicársele la normativa canaria hubiese necesitado multiplicarlo casi por diez (46.474 papeletas, para ser exactos) o haber superado las 66.615 en el conjunto del País Vasco (sacó 21.539). En el caso de la CUP que, también en 2012, obtuvo tres actas en Cataluña con el 3,47% y 126.435 votos, en Canarias hubiese precisado 218.619 para pasar el corte aplicando el criterio autonómico.

En comparación con el resto de CCAA hay un abismo enorme en el tema de las barreras electorales

Otro gran problema de Canarias es la relación entre ciudadanos y sus representantes. Las circunscripciones son insulares y los escaños se distribuyen como sigue: El Hierro (3), La Palma (8), La Gomera (4), Tenerife (15), Gran Canaria (15), Fuerteventura (7) y Lanzarote (8). Ello hace que el 17% de la población elija al 50% de la Cámara y el otro 50% corresponda a los electores de Gran Canaria y Tenerife, las islas más habitadas que juntas suponen el 83% de la población.

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