miércoles, 11 de septiembre de 2013

TOCANDO LAS PELOTAS

Por Antonio Morales Méndez, Alcalde de Agüimes

Chiquito verano. Los guardianes de la libertad espiándonos a todos y preparando una nueva guerra, dicen que para garantizar la democracia, aunque solo responda a sus intereses geoestratégicos; un golpe de estado en Egipto contemplado con otra vara de medir; los ultras del PP en su salsa, alimentando a su camada neonazi; sus jefes borrando discos duros con las pruebas del caso Bárcenas y la financiación ilegal del partido; los afectados por el accidente de Barajas marginados un año más, clamando justicia en el desierto un año más (y ya van cinco) desprotegidos por el Estado y mostrando el camino que desgraciadamente van a seguir las víctimas de la catástrofe ferroviaria de Santiago; los chanchullos de la UGT andaluza exhibiéndonos lo peor del sindicalismo acomodado; los ERE del PSOE de esa misma Comunidad; la maniobra de distracción de Gibraltar… Y el fútbol de cada año. El glorioso fútbol nacional de la mejor liga del mundo. El gran timo.


Durante todo el ferragosto los medios de comunicación no dejaron un solo día de hablarnos del probable fichaje por el Real Madrid de Gareth Bale, una joven promesa del fútbol inglés que apenas ha jugado en competiciones internacionales pero que, dicen, apunta buenas maneras. Lo más notable de la noticia es que el club merengue estaba dispuesto a pagar por el futbolista unos cien millones de euros, el equivalente a dieciséis mil millones de pesetas. Con una puesta en escena muy cuidada que iba destilando una incertidumbre calculada hasta conseguir el objetivo, por fin esta semana Florentino Pérez culminó la operación más cara de la historia del fútbol internacional y presentó su trofeo ante miles y miles de aficionados madridistas que no podían ocultar su emoción. La opulencia inmoral del rico frente a los miserables (el resto de los clubes) jaleada por una hinchada enfebrecida.

Para el entrenador del Barcelona, Gerardo Martino, “los números de Bale son una falta de respeto para el mundo”. Y no le falta razón. Y probablemente sus números también lo sean. En un país con seis millones de parados y más del doble de excluidos sociales (con la cantidad de la ficha se podrían pagar casi doscientos mil salarios mínimos) estas boutades de ricos sin pudor suenan como una terrible bofetada a los que peor lo están pasando; resulta obscena esta exhibición sin tapujos de una riqueza que choca frontalmente con recortes continuos a la sanidad, a la educación, a los servicios sociales, a la investigación, a las pensiones, a las prestaciones por desempleo y a tantas cosas más. Y todavía nos siguen diciendo que querer tener buenos colegios y centros hospitalarios es pretender vivir por encima de nuestras posibilidades.

Y no faltan los que alegan que se trata de dinero privado, que cada uno hace con su dinero lo que quiere y que se trata de una inversión que rentabilizará el club del Bernabéu. Y de ser así podrían tener razón, aunque la operación no dejaría de tener una falta de pudor y de ética considerables. Pero es que no es así. No señor. Esta operación, y tantas otras, con sus comisiones y porcentajes elevadísimos por medio, la terminaremos pagando todos. A través de distintos procedimientos, con diferentes fórmulas, pero serán las instituciones públicas y los ciudadanos los que terminemos haciendo frente a una burbuja irresponsable que se empieza a desmoronar. Para apuntar un dato nada más, el Real Madrid solo ha pagado de momento a Bankia lo correspondiente a los intereses del crédito que necesitaron para hacerse con Cristiano y con el devaluado Kaká (los dos costaron 161 millones de euros, más de veinticuatro mil millones de pesetas). Y como todos sabemos, Bankia está intervenida, nacionalizada y saneada con los recursos públicos de todos los españoles. Por cierto, ¿es este mismo banco el que ha financiado la operación de Bale?¿O ha sido cualquier otro banco de los que rechazan sistemáticamente operaciones de crédito a las pymes? Pero hay más. Las recalificaciones de terrenos, avales, préstamos, ayudas a fondos perdidos de instituciones, subvenciones indirectas de las teles autonómicas, publicidades de las cajas de ahorro, etc., han sido y son el pan nuestro de cada día. A la recalificación de los terrenos del Bernabéu (investigada por la UE por entender que el Ayuntamiento de Madrid estaba inyectando de esta manera una importante cantidad de dinero ilegalmente al club) se suman las intervenciones de las autonomías y ayuntamientos para evitar la desaparición de clubes señeros. Así el Instituto Valenciano de Finanzas, de la Generalitat, es de los mayores accionistas o financiadores del Valencia, el Levante, el Elche y el Hércules. Pasa lo mismo con el Oviedo y el Santander y otro tanto con el Celta, salvado por otra banca intervenida, la Nova Caixa Galicia (si, la de las preferentes). Y con el Depor y el Xerez. Y se encuentran en concurso de acreedores, además de los citados, el Betis, la Real Sociedad, el Mallorca, Rayo Vallecano, Valladolid, Granada, Zaragoza, Málaga, Recreativo, Sporting, Racing, Murcia… Y podría seguir poniendo ejemplos que no cabrían en este espacio.

Pero hay más. La deuda total del fútbol español es en estos momentos de más de cuatro mil ciento once millones de euros (casi cuatro mil pertenecen a los clubes de primera división), y sus pérdidas brutas de los últimos años superan los seiscientos millones de euros. Si una pyme o una familia española tuvieran algún problema con Hacienda o con la Seguridad Social, el “imperio de la ley” caería sobre ellos de manera contundente e inmediata, pero con el fútbol no pasa lo mismo. En la actualidad la deuda total de los clubes españoles a la Seguridad Social es de 16,6 millones de euros (ha aumentado un 65% en el último año y medio) y los débitos a la hacienda pública (no se incluyen aquí el Real Madrid, Barcelona, Athletic de Bilbao y Osasuna, que no son sociedades anónimas y no hacen públicas sus deudas) se acercan a los 700 millones de euros (ha sufrido un incremento de un 25% en los últimos cuatro años). La UE ha puesto el grito en el cielo recientemente al considerar que España, al no cobrar estas deudas, está financiando indirectamente a los clubes en un franco atentado a la libre competencia. Y da lo mismo que se haya incluido en la Constitución la eliminación del déficit público.

Según el último estudio realizado por la consultora estratégica A.T. Kearney, el fútbol europeo se encuentra en la bancarrota y la Primera División española, la Premier inglesa y la Serie A italiana podrían estar arruinadas en dos años. Lo decía también recientemente el presidente del Olympique de Lyon: “el fútbol vive en una burbuja especulativa que está por estallar”.

Y al amparo de todo esto la corrupción que no deja de aumentar. El fraude de Messi al fisco puso sobre el tapete la trampa continuada de las grandes estrellas, que juegan con la cesión de sus derechos de imagen a una sociedad para convertirla en actividad económica y a partir de ahí mover los réditos hacia paraísos fiscales. Y eso que muchos de los galácticos se siguen acogiendo a la ley Beckhan que derogó el gobierno de Zapatero para los nuevos contratos y que apenas tributan un 10% a las arcas públicas, frente al 43% del resto. También empiezan a aparecer cada vez más las denuncias por el amaño de partidos para evitar descensos, según ha denunciado la misma fiscalía y, más terrible aún, para manipular las apuestas ilegales que cada vez cobran más fuerza a través de internet -“la mayor amenaza para el deporte en los tiempos actuales” según el presidente de la FIFA- hasta el punto de que ya mueven más de 200.000 millones de euros. No nos puede extrañar entonces que acudan a devorar este pastel distintos fondos internacionales de inversión que ya controlan, según El País, al menos 54 jugadores en España.

Y nadie se atreve a poner el cascabel al gato. Como escribía recientemente Julián García Candau, “aunque se confirmara judicialmente el delito habría manifestaciones públicas para protestar por la sanción al club de la ciudad”. Me hicieron mucha gracia, por cierto, unas declaraciones recientes, en El Mundo, del jugador de baloncesto de la selección, Germán Gabriel: “al político le pido la honestidad del deportista”. ¡Manda tela! El deporte es extraordinario. La política es imprescindible. En ambos casos habría que arrancar de raíz la mala hierba que crezca en su seno. Es necesario romper con la tolerancia cómplice de los desafueros. Sin embargo para una mayoría, la política y los políticos son un asco. Sobran las administraciones públicas. Da lo mismo si son los mercados los que nos gobiernan y si se siguen produciendo empobrecimientos, ajustes y recortes a granel… pero a la religión laica del fútbol, como lo denomina Vargas Llosa, ni tocarla. Y da lo mismo si está podrida. Según Manuel Mandianes “la democratización de la cultura, la libertad de expresión y los beneficios de la globalización se reducen para muchos a conocer el nombre de los futbolistas y poder hablar de sus hazañas sobre el césped”.


Ya no pasa siquiera lo que cantaba Juvenal cuando denunciaba la manipulación del pueblo romano por el poder político y económico: “(la gente) se limita ahora a si misma y ansiosamente espera por solo dos cosas: pan y circo”. Hay casos en los que ni importa el pan. Como dice Cicerón: “allá los ciudadanos que no se preocupan de lo que sucede en su país y centran su atención solamente en el circo”.


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